lunes, 31 de mayo de 2010

Teoría de la traducción – Basil Hatim y Ian Mason



Capitulo 1


Los estudios sobre la traducción: cuestiones y debates

La actividad de traducir siempre va a estar influenciada por el entorno sociocultural de la persona que traduce, quien mientras intenta captar el significado del texto original debe pensar en el lector que recibirá si versión.
Hay que ver la actividad translaticia como un proceso comunicativo que involucra al autor del texto original, con el lector que se encuentra en un contexto social diferente.
El traductor en su función se ve en la necesidad de tomar una posición frente a los siguientes temas:


Proceso y producto

La traducción es un proceso de toma de decisiones por parte del traductor, y en este proceso no influye directamente el público, quien solo puede hablar del producto mas no del proceso de traducción. Al prestar mayor atención a la obra final que a los métodos se incurre en un error que impide que la base teórica sobre la traducción se desarrolle.
Lo necesario, desde la perspectiva de la traductología, es un estudio sistemático de problemas y soluciones a partir de una comparación meticulosa entre los procedimientos del texto original y su versión.
Objetividad y subjetividad
…cualquier análisis, hasta el más acuciado por alcanzar la objetividad total, en último extremo viene a ser una interpretación. (Reiss 1971)
Debido al carácter subjetivo del lenguaje, solo se pueden emitir juicios que son en parte objetivos. Esto hace necesario la creación de criterios de análisis que ayuden a la precisión y consistencia a la hora de discutir sobre el proceso y los resultados de la traducción. Así mismo, es necesario hacer uso de un metalenguaje para referirse a los estudios de traducción.


Literal / libre

¿Hasta qué punto puede ser flexible un traductor con respecto a su versión?
La traducción literal tiene dos problemas:
1) Las palabras, no siempre, tienen un equivalente en la lengua de salida y de llegada.
2) Las estructuras de la oración pueden no ser iguales en las lenguas involucradas.
Aun así hay quienes la defienden:
“la traducción literal es correcta siempre y cuando asegure la equivalencia referencial y pragmática con el original” (Newmark 1988)
Desafortunadamente estas dos no siempre coinciden. Este problema se ha examinado sin tener en cuenta el contexto, las circunstancias sociales de la traducción. Pero la solución se podrá encontrar teniendo en cuenta estos factores: quién traduce qué, cuándo, dónde, por qué, y en qué circunstancias.


Equivalencia formal y dinámica

Nida (1964) desvía la atención del problema “libre / literal” y sugiere poner la mirada en los efectos de las estrategias de traducción, y propone los términos equivalencia formal (la correspondencia más cercana posible, tanto en forma como en contenido, entre en texto original como en su versión) y equivalencia dinámica (principio de equivalencia de efecto en el lector de la versión.
Newmark (1981) habla de traducción semántica y comunicativa, que son términos que cubren un área mayor en el tema de la traducción. La traducción semántica (que procura dar cuenta, tan ajustadamente como lo permitan las estructuras semánticas y sintácticas de la segunda lengua, del exacto significado contextual del original) se adapta mejor a la estrategia usual de traducción. Pero estos términos empiezan a traer problemas, ya que, para empezar, no hay traducción que no sea comunicativa. Además, es muy posible que una versión formalmente equivalente, tenga igualmente, equivalencia de reacción en el lector.
El término “equivalencia” también representa un problema, ya que implica que la equivalencia completa es una meta alcanzable, que existe un equivalente, formal o dinámico, para un texto en la lengua de llegada. Por esto el uso del concepto de “adecuación” resulta más apropiado.


Forma / contenido: la traducción del estilo

“los cánones de estilo para diferentes tipos de discurso varían radicalmente de una lengua a otra. Lo que es apropiado en castellano, por ejemplo, puede resultar inaceptable en inglés” (Nida1964)
La forma de un texto original puede ser característica de las convenciones de la lengua de salida, pero tan alejada de las normas de la lengua de llegada, que dar cuenta de la forma acarrearía un inevitable oscurecimiento del mensaje o del sentido del texto.
Para algunos tratadistas los criterios decisivos para apartarse del estilo o del tono son el tipo de discurso o la reacción del lector.
El estilo es una parte indisociable del mensaje que hay que transmitir. Y en algunos casos el estilo es el significado.


Redefinición de “estilo”

El estilo puede ser descrito como el resultado de las opciones motivadas que efectúan los productores de textos. El estilo debe diferenciarse del idiolecto o hábitos lingüísticos inconscientes de un usuario individual del lenguaje; y los modelos convencionales de expresión que caracterizan las lenguas concretas.
El traductor ha de ser capaz de determinar el valor semiótico que se transmite cuando se seleccionan determinadas opciones estilísticas.


Potencial de significado

Cada acto de lectura es en sí mismo un acto de traducción, es decir, una interpretación. Lo que hacemos es tratar de recuperar lo que se quiere decir en un texto a partir de toda la gama de significados posibles, que Halliday (1978) define como: “la cadena paradigmática de opción semántica presente en el sistema, y a la cual tienen acceso, en su lengua, los miembros de una cultura.”


Empatía e intención

Todos los traductores reconocen que la familiaridad con las ideas y el propósito fundamental del escritor del texto original resulta ser una ayuda vital a la hora de traducir, en tanto que lo contrario ocasiona desconfianza o al menos dificulta la anticipación del significado en cierto tipo de textos.
El traductor debe “poseer” el espíritu del original, hacer suya la intención del escritor de la lengua de salida aplicando un enfoque desarrollado por la pragmática, que trata de dar cuanta de los modos en que percibimos el propósito fundamental sobre la base de lo que ya sabemos o suponemos.

La motivación del traductor


Las intenciones del traductor añaden una segunda dimensión al proceso traslativo. Las motivaciones del traductor están inseparablemente ligadas al contexto sociocultural.
La traducción se hace por que hay una necesidad, ya sea esta creada por un cliente, una editorial o por gusto propio. También hay que tener en cuenta la posición social del texto original, el lector a quien va dirigido, las circunstancias socioeconómicas de su producción y la recepción de la versión por parte de los lectores.


El discurso poético: banco de pruebas para la traductibilidad

En poesía la semejanza fónica es percibida como relación semántica; los aspectos formales del código lingüístico se convierten en parte del significado, de modo que la verdadera traducción es inconcebible: solo es posible la transcripción creativa.
Este problema se ha afrontado, por un lado, adaptando o imitando el poema original sin intentar traducirlo; y por otro lado traduciendo literalmente.
Lefevere (1975) proporciona 7 posibles estrategias para traducir textos en verso:
1) traducción fónica (con imitación de sonidos del original.)
2) traducción literal
3) traducción métrica
4) traducción en prosa (da cuenta del sentido en cuanto le es posible)
5) traducción rimada
6) traducción en versos blancos (sin observar la rima pero manteniendo la estructura)
7) interpretación (imitación o, simplemente cambio completo de forma)
Una vez más debemos situarnos en el contexto social. Como la traducción perfecta es imposible, siempre va a existir un conflicto de intereses respecto a cuáles son las prioridades comunicativas del traductor. El problema se debe abordar tomando como base los objetivos del traductor y el público a quien va dirigido.


Las leyes de la traducción

En el libro Essay on the Principles of Translation se proponen tres leyes para la traducción.
1) Que el traductor ha de ofrecer una transcripción completa de las ideas de la obra original.
2) Que el estilo y la manera de escribir deben ser de la misma calidad que los del original.
3) Que la traducción ha de tener la misma fluidez que la composición original.
El problema de estas tres leyes es que dan por supuesto que los tres objetivos mencionados son del todo compatibles y alcanzables. Nida (1964) propone una lista muy similar de los requisitos básicos de una traducción:
1) Tener sentido
2) Transmitir el espíritu y manera del original
3) Poseer una forma de expresión natural y fluida, y
4) Producir una reacción similar


Traducciones centradas en el autor o en el lector

La traducción puede estar orientada al traductor, al texto o al lector; y la versión final tendrá, desde luego, ciertas características distintivas. La primera expondrá al lector la esencia de o que el autor quiso comunicar en la versión original. En la segunda, se intentará mantener los aspectos formales del texto. En la tercera se procurará adaptar el texto y situarlo en el contexto sociocultural del lector.






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