sábado, 12 de junio de 2010

La carta robada (versión muy propia)

Jorge se levantó temprano. Tomó un sorbo de la botella de bourbon que había a medio terminar al lado de la cama y miró por la ventana. Llovería otra vez.
Saco la Pietro Vedetta que tenía en el cajón del escritorio, la sopeso en la mano, tenía siete tiros. Podía saber por el peso cuántas balas había exactamente en el proveedor. Apunto con desgano a la mujer que había en el camastro y se sentó.
-Tienes que levantarte- dijo.
La mujer se desaperezó y se estiró en la cama. Los piés de ella salieron por la parte de abajo del colchón. “Es muy alta”, pensó.
-Buenos días-, dijo ella, y se le abrieron los ojos al mirar el arma en la mano de su amante.
-Ya resolví el caso- afirmó él mirándola a los ojos.
-¿En serio?- la mujer se sentó en la cama y se quedó mirando el arma.
-Se me reveló anoche, en el sueño.
-Parece que eres mejor detective de lo que pensaba.
-No hay porqué desechar los caminos del subconsciente.
La mujer volvió a mirarse su manicura impecable y con voz cansada le prenguntó: “y entonces, ¿dónde está el documento?”.
-Aquí mismo, dijo él.
-No entiendo
-Me parece que es buena hora de que te vayas vistiendo y firmes un cheque antes de irte.
-Estas insinuando que…
-No insinúo.
Jorge volvió a tomar la botella y acabó lo que quedaba de un trago.
 –Es mejor que te vayas antes de que el guayabo me ponga de mal genio.
-Pero querido, después de anoche, ¿todavía no confías en mí?
-Precisamente, ¿cuántas mujeres hermosas y ricas crees que se acuestan con un tipo alcohólico, pobre y demandado por sus ex esposas?
-¿O sea que me juzgas porque me gustaste desde el primer momento?
-¿Has leído a Borges?
-Algo.
-El dice en uno de sus cuentos que a veces la literatura copia a la vida, pero que en algunas ocasiones la vida copia a la literatura, o algo así.
-¿Y?
-¿Has leído a Poe?
-Lo he oído mencionar
-La carta robada
-¿ah?
-Es un cuento. Pero creo que lo conoces.
-No creo recordarlo.
-Un hombre contrata a un detective para que encuentre una carta robada. El detective visita la casa del hombre y siguiendo un curso de deducciones y basándose en la psicología de este descubre que la tiene él mismo en su oficina. Así logra resolver el caso. Ahora, si quisieras hacer el favor de vaciar tu bolso.
-Pero…
Jorge levanta el arma. –No me gustaría tener que pedirlo otra vez-.
La mujer se quita de encima la sábana y va hasta la silla donde está el bolso. Se lo lanza a Jorge con violencia.
-Miralo tu.
Jorge lo vacía sobre la cama. Nada. Por un momento duda. Luego va hasta la cocina y regresa con un cuchillo, rasga el forro del bolso y saca un pequeño sobre. Lo abre.
-Bualá.
-Tu francés es tan malo como tu conocimiento de Poe.
-Al menos no soy un mal detective.
-Y me quieres decir cuáles fueron tus fantásticas deducciones.
-Elemental, mi querida Ofelia: Hace una semana me buscaste para que encontrara cierto documento que incriminaría a tu marido y a ti misma en ciertos negocios non sanctus, que habían sido robados de la caja fuerte de él. El ladrón entró rompiendo una puerta y haciendo estropicios, pero no dejó huellas y la caja  fue abierta sin violencia. Un profesional abriendo cajas fuertes, pero incapaz de abrir una cerradura de una puerta. Te encargaste de darme los nombres de los sospechosos de siempre. Dos días más tarde llegó a tu oficina el sobre con la extorción, fui incapaz de darme cuenta cómo demonios llegó el sobre hasta allí. Ahora lo sé Ofelia, fuiste tu quien plantó la carta. Por eso no había huellas extrañas, era natural que las tuyas estuvieran por todos lados. Cuando tu marido decidió pagar lo hizo bajo tus consejos. Pero para qué querrías el dinero de tu marido, que era como tuyo. Ese era el cabo suelto que desaté esta mañana al despertarme. Te vas a divorciar. Querías más de lo que te correspondía y además querías acabar con él y de una vez quedarte tu con la evidencia que acabaría con él y contigo también.
Anoche, empecé a sospechar, no de ti, es cierto, pero de alguien cercano a la casa. Hoy será el pago y con eso se acabaría el caso, no tenías más que distraerme 24 horas y yo estaría lejos de tus asuntos para siempre. Para tu desgracia ahora sé la verdad, aunque te agradezco la noche. Y el cheque.
Muy bien, me descubriste, pero por una casualidad. La carta robada, sabes, ese no es el argumento, no es el mismo hombre que tiene la carta el que contrata al dectective, de hecho es el inspector quien busca a Dupan. Así que me descubriste porque en un sueño recordaste un argumento falso de un cuento verdadero. Sólo azar, no dejas de ser un pobre idiota con algo de suerte.
Suerte, puede ser. Pero entonces es que no has leído a Chesterton. Ahora firma el cheque.




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